El llanto.
Toda historia tiene un comienzo, es fácil, pero no es fácil poner fin a un sentimiento.
En esta historia la protagonista no soy yo, es ella.
En el fondo toda trama se basa en sensaciones que nos emocionan o no, y cuando nos emocionan mucho, tanta es la emoción que se convierten en sentimientos que hacemos propios, cuando esto pasa ya no hay personajes de reparto, solo personas que sienten y padecen.
Ocultarnos detrás de una máscara no nos protegerá del mundo, y lo que es peor, nunca de nosotros mismos. Puede haber demasiadas razones para decidir ponerse una máscara, pero lo cierto es que algunas veces no es una elección.
Hay personas que nacen y según viven acumulan experiencias que van forjando sin querer una máscara de hierro, otras veces, las máscaras son tan artificiales como el plástico, y estas máscaras son producto de rumores, críticas, clichés e imposiciones...y un sin fin de mentiras. Vivir sin máscara es posible, si aceptamos llorar entonces la máscara antes de tomar forma se deshace cual arcilla,… el llanto es la emoción más valiosa, se puede llorar de pena y de alegría.
Pero no hay máscara que oculte lo que nace, vive y late en una persona cuando se deja llevar por el corazón, entonces no hay guion, personajes ni argumentos, solo actos que delatan nuestra auténtica naturaleza, el instinto que nos impulsa a sobrevivir, el amor.
Cuando el tiempo retoma su infinitud entonces ya es tarde para negar los acontecimientos, el tiempo nunca se detuvo, lo que cambió fue la noción del tiempo y la medida del mismo, interiorice el tiempo en un sentimiento marcado por el deseo, cuanto más tiempo pasaba más la deseaba, y el tiempo nunca podrá detenerse, porque es un presente continuo con hechos que se convierten en hitos, marcando un antes y un después, el hito de mi vida fue el hecho de conocer-te.

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